Culturas

por Valentine Losseau

En el contexto de la magia artística, la gran ilusión se caracteriza por una inspiración que proviene del registro de lo imposible asociado a una dimensión altamente espectacular. En Occidente, la magia moderna, es una forma de magia artística surgida en el siglo XIX, que disocia, con el paso del tiempo, las categorías de la gran ilusión, de la magia de salón y la magia de cerca o close-up

Un mundo de magias

Se conocen otras tradiciones vivas de gran ilusión, como la de la magia callejera en la India donde se presentan, desde hace varios milenios, trucos al aire libre frente a un público dispuesto generalmente de manera circular. Algunas innovaciones escénicas locales pueden integrar el repertorio de la gran ilusión: es el caso de la maquinaria del teatro griego antiguo, antepasado del “efecto especial”. Fue al aire libre, en un teatro con forma de hemiciclo ateniense, que fue presentado el primer vuelo humano en 431 a.C. Medea, heroína de la obra epónima de Eurípides, flota sobre el escenario en un carro tirado por dos dragones. ¡Qué más apropiado que un vuelo mítico para este verdadero bautismo al aire libre de la maquinaria teatral!

El Bian lian, una técnica secreta de la ópera china de Sichuan, permite otorgar la ilusión de un cambio instantáneo de rostro. Se emplea para personificar las metamorfosis mitológicas, y también los trucos por medio de los cuales los seres humanos llegan a usurpar la identidad de un individuo de otra clase social. El teatro negro de Praga designa una forma de ilusión basada en una combinación de materiales e iluminaciones estratégicas que permiten a objetos o a manipuladores desplazarse invisiblemente sobre el escenario. Apariciones, desapariciones, teletransportaciones… son facilitadas por la pérdida de puntos de referencia en la profundidad del campo visual, y constituyen los elementos de un lenguaje teatral que oscila entre surrealismo y psicodelismo, particularmente activo en la capital checa.  

Estos encantamientos establecen un contrato tácito entre los que los presentan y los que los observan: el método ilusorio reside en la relación (más o menos conocida por los espectadores) entre la virtualidad del trucaje y la realidad de la imagen que se les hace ver. Es necesario aún que la metafísica local permita tal distinción. La eficacia de la ilusión depende en gran parte de las creencias de los espectadores sobre la realidad del mundo que los rodea. Protegida por el secreto técnico – que se asemeja a veces a un secreto a voces –, la gran ilusión contribuye a desarrollar una forma de adhesión muy particular a la imagen, en la cual el espectador duda de lo que ve… ¡Mientras cree ver lo que no ha visto! Para hablar de ilusionismo, el contexto cultural, lingüístico, y las tradiciones vinculadas a la representación deben permitir esta semi creencia, este régimen de adhesión a la imagen. Esta es la razón por la que encontramos a la gran ilusión solo en ciertos contextos, aunque de vez en cuando, haya fenómenos que parecen corresponderse.

Levitaciones y apariciones

En la India, los magos callejeros (a veces llamados, en contexto de habla hindú, saḍak jādūgar सड़क जादूगर), realizan levitaciones estáticas que dan la ilusión de flotar en el extremo de una cuerda o de un bastón, en el juego de la cesta india, en el cual el ayudante del mago parece teletransportarse de Delhi a Calcuta, pasando por Bombay, desde el árbol de mango que crece a simple vista… Este valioso patrimonio coincide parcialmente con el de la magia tradicional china. Distintos testimonios históricos y observaciones etnográficas ilustran la antigüedad y la impresionante constancia en la puesta en escena de estos efectos, que se transmiten exclusivamente por vía oral, a pesar de las variaciones lingüísticas y culturales. 

El truco de la cuerda mágica, que se eleva en los aires al son de la flauta (o cuerda hindú), es probablemente uno de los más antiguos que se conocen: mencionado en los Vedas, fue observado por viajeros tales como Ibn Battûta (siglo XIV) y Johannus Weier (siglo XVI). Menciona los relatos mitológicos y religiosos, como el de Shiva arrastrando el cuerpo de Sati por medio de una cuerda; pero también la levitación mística: por ejemplo, el poder de laghimā que permite “volverse tan ligero como una pluma”, según los textos del Yoga. Las prácticas rituales y terapéuticas, la medicina y la brujería india dan una fuerte importancia a los cordones, nudos y cuerdas, desarrollando una simbología del lazo en referencia al dios “que ata” Varuna, que lleva un cordón mágico que hechiza a sus enemigos. La cultura popular, con parábolas, como la de la serpiente y la cuerda, así como los deportes, en particular el mallakhamb, la acrobacia y los números de pértiga, alimentan también el imaginario de la ilusión, con la verticalidad y la ascensión.

En Europa, la magia moderna desarrolló un juego ambiguo de referencias, oscilando entre el universo profano del entretenimiento y los cuestionamientos metafísicos y científicos propios de la época. En el siglo XIX, la gran ilusión parecía entretenerse en ilustrar o apropiarse del espiritismo, un movimiento espiritual en boga en aquel entonces: por ejemplo, las manifestaciones de fantasmas y otros ectoplasmas. En Francia, Robert-Houdin se apoderó de los “espíritus que golpean”, con los cuales las hermanas Fox decían comunicar durante sesiones públicas en los Estados Unidos. Realizó, durante un espectáculo, una experiencia espiritista, durante la cual sonidos de golpes salían de una caja vacía, sin causa aparente… antes de cambiar de puesta en escena, una vez pasada la moda: el truco fue presentado entonces como una experiencia acústica. En las sesiones espiritistas, médiums presentaban levitaciones que, si bien se asemejaban a veces a las de los ilusionistas, se consideraban “sin trucajes” por los testigos. ¡Algunos fantasmas adquieren incluso un renombre internacional! 
Fue el caso de las apariciones producidas por Florence Cook: en un gabinete negro, la médium hizo aparecer la cara, las manos, luego el cuerpo entero del espíritu, bautizado Katie King, que paseaba sobre el escenario y hablaba con los espectadores. Este tipo de espectáculo atraía a un extenso público; los fantasmas tenían incluso sus admiradores, que les pedían matrimonio y les ofrecían ramos de flores.

Los Hermanos Davenport, ni totalmente médiums, ni totalmente ilusionistas, realizaban giras por Europa con un número titulado el armario espiritista. Un debate dividía a la opinión pública, entre los que postulaban, por un lado, una manifestación de espíritus, y los que denunciaban, por otra parte, una superchería. Los católicos, que reconocían las apariciones marianas y las levitaciones de los santos como San José de Cupertino, dudaban sin embargo en adherir al espiritismo… Algunos magos se dedicaban a desenmascarar a aquellos que consideraban como embaucadores. Harry Houdini intentó desacreditar a la médium Mina Margery Crandon, quien era sin embargo apoyada por fervientes creyentes tales como Arthur Conan Doyle. 

Invulnerabilidad

Algunos rituales chamánicos adquirieron, por su carácter inexplicable, una cierta notoriedad. Fue el caso de la “tienda que vibra”, tal como la practicaron, por ejemplo, los Naskapi en Canadá. En una gran tienda montada ante el público presente, el chamán era amarrado a un poste por medio de lazos. A través de un juego de retroiluminación, las sombras proyectadas sobre el frente de la tienda permitían ver la llegada de espíritus que hacían resonar instrumentos de música, luego arrancaban las prendas de vestir del chamán, y sacudían las fundaciones de la estructura, que parecían temblar. El chamán se liberaba a continuación de sus lazos. ¿Los Hermanos Davenport habían tenido acaso conocimiento de este ritual cuando concibieron su ilusión del Armario espiritista? 

Los adeptos o practicantes de cultos vudúes, y de los cultos afrocaribeños como el candomblé, la santería, el palo, reportaron fenómenos de invulnerabilidad tales como la resistencia a la quemadura, transes que podían durar hasta varias semanas, a la ingestión de vidrio o cadáveres de animales… En Filipinas, algunos curanderos son conocidos por realizar operaciones quirúrgicas a manos limpias, sin cicatriz y sin dolor. En estos rituales terapéuticos, el curandero, después de haber emitido su diagnóstico, hunde sus dedos en el vientre del paciente para extraer un fragmento de tejido sangriento. En el faquirismo, realizan una ascesis vinculada al Sufismo, practican la pirobacia (caminar sobre las brasas), la enucleación, se perforan las carnes con espadas y objetos metálicos… De buen grado dramatizados, estos espectáculos rituales representan el éxtasis fuera del cuerpo, la comunión con dios, la intercesión de los santos del Islam o también el condicionamiento psíquico de los ascéticos, y atraen a un público religioso y profano. Si bien el término de faquir es utilizado a menudo de manera incorrecta para designar a los ilusionistas que imitan estas experiencias por medio de trucos, se observa que las mortificaciones rituales son comunes, por ejemplo en Bangladesh, en las celebraciones llamadas Charak Puja, donde los devotos se suspenden a estructuras giratorias por medio de ganchos clavados bajo la piel y se arrojan dentro de vidrio molido.

Algunos ilusionistas se apoderan de casos mediáticos, como el de los curanderos filipinos, para denunciar lo que consideran como charlatanismo. Se mantiene, a veces erróneamente, que el trucaje se realiza a espaldas de los pacientes. ¿Ilusionistas o maestros espirituales? ¿Y por qué no los dos? El tema del trucaje no tiene el mismo valor ni la misma función en todas partes. Así pues, estos fenómenos muy diferentes los unos de los otros solo tienen en común el hecho de considerados mágicos por la mirada naturalista de las sociedades occidentales. Se constatan algunas semejanzas a costa de una disociación de los contextos culturales, lingüísticos, cosmológicos, y también de las representaciones del cuerpo, de las culturas de la imagen, en las cuales operan los magos.