Orígenes

por Pierre Taillefer

“Un hombre se abrió paso en medio de los espectadores. Colocó un trípode e instaló tres pequeños cubiletes, bajo los cuales escondió pequeños cantos rodados blancos y redondeados como aquellos que se encuentran al borde de los torrentes. En un momento dado, había escondido cada uno debajo de un cubilete, y de repente, no sé cómo, los presentó todos bajo un mismo recipiente; luego los hizo aparecer en su boca. Después se los tragó. Luego, haciendo avanzar a los espectadores más cercanos, sacaba los cantos rodados de la nariz de uno de ellos, de la oreja de otro, de la cabeza de un tercero: los tomó y luego los hizo desaparecer de nuevo.” Lettre de Napée à Creniade [Carta de Napea a Creniada]

En esta carta ficticia, el autor griego Alcifrón (siglos II-III de nuestra era) brinda una de las más antiguas descripciones – la más vívida en todo caso – de un espectáculo de prestidigitación y particularmente de lo que hoy llamamos el close-up: trucos de magia con pequeños objetos presentados por el artista detrás de una mesa que sirve de escenario miniatura, y que privilegian la interacción con el público. El término de close-up – literalmente “primer plano” – sólo se impuso a partir de finales de los años 1920 en los Estados Unidos, pero el tipo de espectáculo que designa existía desde hace por lo menos dos milenios.

Del jugador de piedrecillas de la antigüedad al jugador con tazas del Renacimiento

El número del psephopaiktes – jugador con piedrecillas – griego y del praestigiator romano, consiste en hacer aparecer y desaparecer piedras bajo cubiletes con el fin de entretener a los espectadores del teatro. La riqueza del repertorio fue revelada por los primeros tratados técnicos consagrados a la prestidigitación en el Renacimiento, en el mundo árabe y luego en Europa. Al final del siglo XV, Luca Pacioli, monje franciscano cercano de Leonardo de Vinci, describió juegos aritméticos heredados de la literatura de ábaco – instrumento de cálculo – y elaboró un panorama de los trucos de prestidigitación de aquella época. Numerosos cuadernillos, los más antiguos datan de la primera mitad del siglo XVI, mezclan escritos de todo tipo y trucos de prestidigitación.
Se trataba a menudo de traducciones de textos italianos como Gentillesses de Symon de Milán publicadas en París hacia 1530 o Receptes bonnes & utiles impresas en Lyon por Jacques Moderne hacia 1540. Contenían toda la variedad del repertorio de los prestidigitadores, que no se limitaba al juego tradicional. Sin embargo, como lo declaró Reginald Scot en el capítulo de su Discoverie of Witchcraft (1584) consagrado a la prestidigitación, este arte de la destreza “se ejerce principalmente de tres maneras. La primera, fundamental, consiste en hacer desaparecer y viajar bolas, la segunda transformar monedas, la tercera mezclar las cartas.” Al inevitable juego de los cubiletes, Scot añadió los trucos con monedas y cartas, para describir la esencia del repertorio de close-up en el Renacimiento y reconoció su deuda hacia un prestidigitador francés del nombre de Cautares – de hecho desconocido – que ejercía entonces en Londres. En su Première Partie des subtiles et plaisantes inventions (1584) enteramente consagrada a la prestidigitación, el misterioso J. Prevost parece paradójicamente haber pasado por alto la parte fundamental del repertorio de los prestidigitadores de aquella época, omitiendo a la vez los juegos con tazas y naipes. En menor cantidad de páginas, Scot parece haber brindado un mejor reflejo de la realidad del repertorio de close-up de aquella época.

De la calle a la corte del príncipe, las primeras estrellas del close-up

La iconografía de los escamoteadores, del Renacimiento hasta el siglo XIX, era a la vez rica (cuenta con varios millares de obras, de las cuales el Escamoteador de El Bosco es la más conocida), y a la vez poco diversificada. Describe una disciplina practicada por los jugadores con cubiletes, del proverbial Maître Gonin de la época de François Ier hasta André Miette (hacia 1778-1846), gran figura del “adoquín parisino” de principios del siglo XIX. Estos artistas callejeros eran generalmente representados al aire libre, de pie detrás de una mesa plegable que hacía las veces de escena para sus efectos y con un saco que servía de bastidor para su panoplia de escamoteador.
Sin embargo, esta disciplina polimorfa se adaptó a todos los sitios, de la calle a la feria, del gabinete de física al teatro, del salón burgués al palacio principesco. La disciplina salió del anonimato gracias a una abundante documentación sobre artistas insignes cercanos a las cortes de los grandes soberanos de Europa durante el Renacimiento. Describió así a Juan Dalmau, prestidigitador catalán al servicio de Carlos Quinto luego de François Ier; Abramo Colorni, ingeniero judío vinculado a la Corte de Ferrara o también Girolamo Scotto, prestidigitador y alquimista de la Corte de Rodolphe II en Praga. Estos artistas cortesanos presentaban sus trucos frente a un pequeño grupo de personas. Transformaban naipes, haciéndolos surgir de la baraja o haciéndolos aparecer en lugares insólitos.
Dos siglos más tarde, cuando la disciplina ingresó a los escenario de teatro por medio de artistas como Giuseppe Pinetti, un lujoso grabado titulado Le Fameux Romain

publicado en el último cuarto del siglo XVIII, ofreció un escaparate de aquéllos que se llamaban entonces “físicos”. Alrededor de una escena central de magia de salón, veinte etiquetas acompañadas de leyendas enumeraban cada uno de los trucos practicados por el artista detrás de una mesa, con la participación de espectadores, en verdaderas condiciones de close-up.

Los hitos literarios de la evolución del close-up

Desmintiendo la iconografía de los atributos tradicionales – varilla, bolas y cubiletes –, los tratados especializados sucesivos dan prueba de la evolución y el desarrollo progresivo del repertorio del close-up. En el mundo anglosajón, el capítulo de Reginald Scot de 1584 marcó profundamente la literatura inglesa especializada durante dos siglos. Los autores del siglo XVII como Samuel Rid u Hocus Pocus Junior, del siglo XVIII tales como Henry Dean, al extraer este capítulo para convertirlo en un libro autónomo y al amplificarlo, lo separaron de su sentido inicial de argumentación, en contra de la existencia de fenómenos sobrenaturales. Pero, paradójicamente, hicieron así irradiar, hasta el final del siglo de las Luces, los secretos de los cuales Scot había sido el primer vulgarizador.

El testimonio más intenso del repertorio de close-up en francés se encuentra en un manuscrito de la mitad del siglo XVII, La Magie du Pont-Neuf. Una frondosa literatura “recreativa”, que reúne los problemas aritméticos, las experiencias físicas y los trucos de prestidigitación, se desarrolló en la “Francia del Gran Siglo”, tal como era el caso de los libros de Claude-Gaspard Bachet (1612) y Jean Leurechon (1624). El libro Les Récréations mathématiques et physiques de Jacques Ozanam (1640-1718), matemático y autor prolífico, contiene, desde su primera edición de 1694, algunos trucos de adivinación matemática con naipes, completado en la edición póstuma de 1723 por un capítulo sobre las “trucos con bolsa”, ampliamente documentado e ilustrado. Estos agregados póstumos a la obra de Ozanam le fueron asignados inmediatamente a Martin Grandin, profesor de Filosofía en París. Este capítulo, al describir todo el repertorio de close-up de los prestidigitadores de la primera mitad del siglo XVIII, se impuso mucho tiempo como la referencia en la materia.

 

“¡Sin poesía, no hay poeta! Sin trucos de cartas, no hay prestidigitador1

Si bien el clásico juego de los cubiletes no deja de generar variantes a través de los siglos, es sin duda la magia con cartas la que conoció la mayor evolución en el ámbito del close-up. Menos de diez años después de la publicación del libro de Scot, el cuadernillo italiano Giochi di carte bellissimi di regola e di memoria (1593) de Horatio Galasso ejerció una influencia notable sobre los tratados de los dos siglos siguientes, antes de que el Testament de Jérôme Sharp (1786) del jurista Henri Decremps venga a suplantarlo debido a la modernidad y la precisión de sus descripciones técnicas
Desde el Renacimiento, la magia con cartas estaba, por otra parte, irrigada profundamente por las inspiraciones provenientes del mundo de los tramposos, cuya perfección técnica fascinaba a los prestidigitadores. Así por ejemplo, la adopción inmediata del saut-de-coupe, que consiste, a través de una maniobra invisible, en anular el corte del mazo hecho por otro jugador. Fue descripto por primera vez con lujo de detalles a mediados del siglo de las Luces en la literatura sobre las marrullerías e inmediatamente retomado en la literatura dedicada a la prestidigitación. La magia de las cartas en el siglo XIX fue encarnada por algunas grandes figuras tutelares como Johann Nepomuk Hofzinser (1806-1875). Este prestidigitador vienés fue no solamente el inventor de técnicas importantes sino también de numerosos “temas” mágicos o de familias de efectos que no dejarían de ser explorados en el siglo siguiente. En Francia, el talento para las cartas de Pierre Moreau (1849-1890) fue verdaderamente legendario ante sus compatriotas.

Dai Vernon (1894-1992), adalid de la escuela de Nueva York que dio en los años veinte un nuevo aliento al close-up en general y a la magia con cartas en particular, reivindicó la doble herencia de Hofzinser y S. W. Erdnase2 – alias de un “tramposo” cuya identidad provoca debates aún hoy en día –, Artifice, Ruse and Subterfuge at the Card Table (1902), suerte de biblia de la magia con cartas que los prestidigitadores no dejan de glosar a lo largo del siglo.
En los inicios del siglo XX, la importancia relativa adquirida en la disciplina por la magia con cartas y sus combinaciones infinitas es tal que John Northern Hilliard consagró más de la mitad de su libro enciclopédico Greater Magic3 (1938) a los trucos con cartas, relegando en la segunda parte todo el resto del repertorio, de los trucos con monedas a la gran ilusión.

1. Carta de 15 de marzo de 1872 de Johann Nepomuk Hofzinser a Carlo Marchini (« Ohne Poesie kein Dichter! Ohne Kartenkünste kein Taschenspieler »). Magic Christian, Johann Nepomuk Hofzinser – Non Plus Ultra, vol. 1, Offenbach, Volker Huber, 1998, p. 264.

2. S. W. Erdnase, L’Expert à la table de jeu, 1902.

3. John Northern Hilliard, Greater Magic, Minneapolis, Carl Waring Jones, 1938.